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¿Dormir por la noche?..... Sigue soñando

concepto insomnio 23 2148644671El sueño, o más bien la carencia del mismo, es una de las preocupaciones más habituales de las personas que visitan las oficinas de farmacia. El estresante ritmo de vida que arrastran algunas personas, los problemas de diversa índole que nos quitan el sueño o, incluso, una pandemia que nos tenga confinados y no nos permita disfrutar como es debido de San Marcos. Todo son razones de peso para no poder pegar ojo e, incluso, para en muchas ocasiones perder la noción del tiempo.

Es aquí, en este contexto, donde cobra importancia el concepto de “ritmo circadiano”, el cual es un ciclo cercano a 24 horas y en el que intervienen fotorreceptores, células marcapasos y vías nerviosas eferentes que permiten un funcionamiento regular de los procesos del sueño y vigilia, además de incidir sobre la temperatura corporal, la alimentación y la actividad motora. En definitiva, que las personas desarrollemos nuestras actividades durante las horas en las que hay luz solar no es casualidad, hay una explicación fisiológica.

Ahora bien, ¿Cómo podemos abordar nuestro insomnio? Lo primero será tomar medidas higiénico-dietéticas, como por ejemplo no tomar sustancias excitantes como café, té, alcohol, tabaco, etc. Igualmente se aconseja tomar una cena ligera, realizar ejercicio físico, evitar siestas prolongadas, acostarse y levantarse siempre a la misma hora y mantener un ambiente adecuado que favorezca el sueño. Todo esto se puede complementar con terapias naturales, las cuales serán diferentes dependiendo del origen del insomnio.

Así pues tenemos en primer lugar la melatonina, hormona que forma parte de los procesos reguladores del ritmo circadiano y que se libera cuando los receptores de luz visible de la retina dejan de recibir estímulos, es decir, cuando no hay luz. Si nuestros ritmos circadianos están alterados, la liberación de melatonina también lo estará. De este modo, si tomamos melatonina en comprimidos, como puede ser NS Melatonina®, no solo estimularemos las vías de conciliación del sueño habituales de nuestro organismo, sino que también ayudaremos a educar a nuestro organismo para sintetizar melatonina endógena durante la fase nocturna.

Sin embargo, si el problema no lo tuviéramos a la hora de conciliar el sueño, sino que nos despertáramos en mitad de la noche, nuestra opción terapéutica seguirá siendo la melatonina, pero en este caso la tomaremos en comprimidos de liberación prolongada como Epaplus Sleepcare®, mediante los cuales la melatonina se irá liberando en nuestro organismo poco a poco durante toda la noche, evitando así que nos desvelemos.

Una mezcla de ambos efectos será la melatonina en comprimidos bicapa, donde la mitad del principio activo se libera de forma inmediata y la otra mitad se va liberando progresivamente durante la noche. Un ejemplo de esto es NS Soñaben Bi-effect®.

Ahora bien, es posible que el trastorno de sueño no sea debido a una alteración de los ritmos circadianos. Las situaciones de estrés o ansiedad son frecuentes y más cuando tienes que pasar tu tiempo libre encerrado en casa o con temor a contagiarte. Estas condiciones pueden provocar una alteración en el sueño sin necesidad de que el ritmo circadiano se vea alterado. Digamos que no es producido tanto por mecanismos orgánicos, sino más bien por alteraciones psicológicas. En estos casos se recomendará inducir el sueño mediante terapias a base de plantas, como puede ser Sedivitax®, cuya composición consta de extractos de pasiflora, withania y lúpulo.

Una mezcla entre la terapia a base de plantas y la melatonina es el ZZZQuil®. Estas gominolas están compuestas por melatonina, camomila, valeriana y lavanda. Son de elección para aquellas personas cuyos trastornos de sueño sean psicosomáticos, es decir, cuando la situación de estrés o ansiedad haya dado lugar a alteraciones del ritmo circadiano.

melatonina1Al final, cuidar nuestra salud y mejorar nuestra higiene del sueño serán las soluciones a largo plazo para conseguir ser autosuficientes a la hora de conciliar el sueño. Sin embargo, mientras nos adaptamos a esa nueva forma de vida, ayudarnos de terapias como estas, que no producen dependencia, puede ser recomendable para conseguir alcanzar la calidad de vida que merecemos.

David Sánchez García, Farmacéutico

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¿Qué conviene hacer antes de vacunarse contra la Covid-19?

Terminada la vacunación de las personas de mayor riesgo de sufrir complicaciones graves, y avanzada la de personal esencial, se ha empezado a vacunar masivamente al total de la población, empezando por los más mayores.

En principio solamente estaba disponible, como todo el mundo sabe, la vacuna de Pfizer (Comirnaty); muy poco tiempo después se tuvo acceso a la de Moderna y hace casi nada se ha empezado a vacunar con otra diferente, la de AstraZeneca.

Todas ellas son seguras y efectivas, pero, también todas ellas, es muy posible que produzcan efectos secundarios leves, pero molestos. En las fichas técnicas registradas en la AEMPS se reconocen estos efectos adversos. Se copian textualmente los datos que ha publicado recientemente en Correo Farmacéutico:

“Con Comirnaty los efectos registrados en los ensayos fueron dolor en el lugar de inyección (>80%), fatiga (>60%), cefalea (>50%), mialgia y escalofríos (>30%), artralgia (>20%) y fiebre e hinchazón en el lugar de inyección (>10%)

Para las vacunas de Moderna y de AstraZeneca se describen en sus fichas técnicas efectos adversos similares, aunque pueden cambiar algo los porcentajes relativos a dolor y fiebre.

En la mayoría de los casos, estas reacciones son leves y moderadas. También se ha constatado que en las personas mayores son menos importantes que en los más jóvenes. Esto es lógico y a consecuencia de que el sistema inmunitario va perdiendo “eficacia” con la edad, por lo que, ante la inyección de una sustancia extraña, responde con menos “energía”.

Probablemente, de acuerdo a la última Estrategia de vacunación frente a covid-19 en España (26 de febrero 2021),  a muchas personas menores de 55 años, se les vacunará con la vacuna de AstraZeneca que, según un informe preliminar de la revista The Lancet, parece tener una mayor frecuencia de reacciones adversas que puede llegar a afectar al 80% de los vacunados.

Esto que dice The Lancet para la vacuna de AstraZeneca, el profesor Cesar Nombela (Catedrático de Microbiología de la UCM) lo hace extensivo a las otras dos que se están utilizando al afirmar que “Cualquiera de las vacunas que tenemos en uso alcanza del 80% para arriba de previsibles reacciones adversas agudas, pero pasajeras”

Por todo lo dicho, ahora que se empieza a vacunar a personas cada vez más jóvenes, (con más posibilidades de que las molestias sean más intensas) conviene que se recomiende un consejo para que se puedan reducir de forma significativa algunos de estos efectos desagradables, sin reducir en modo alguno la respuesta inmune del vacunado.

En la Estrategia citada se contempla la posibilidad de utilizar paracetamol antes de la vacunación, continuando con una dosis cada seis horas durante las 24 horas siguientes a la inyección. Este tratamiento “reduce significativamente el dolor local, la febrícula, los escalofríos, las mialgias, la cefalea y el malestar”.

El dilema se plantea con la elección de la dosis: 1 gramo, 650 o 500 mg. Para la población adulta en general, nosotros recomendamos emplear una dosis de 650 mg ya que la relación de eficacia contra seguridad es mejor que el de la de 1 g; esto es: 650 mg 60-90 minutos antes del “pinchazo”, seguida de otras cada 6 horas posteriormente.

La administración de 1 g de paracetamol aumenta el riesgo de toxicidad en el hígado, y mucho más cuando se alcanza la dosis de 4 gramos en 24 horas. Además esta recomendación hay que dejarla a criterio médico toda vez que puede interaccionar con otros medicamentos que también se metabolizan por el hígado; esto adquiere especial relevancia cuando se vacuna a personas de más de 55 años, edad en la que ya es más frecuente que puedan estar polimedicadas. Además, esa dosis de 1 g requiere receta médica.

Este es nuestro consejo, pero, como siempre, en tu Farmacia, encontrarás el mejor asesoramiento farmacológico, sin cita previa, a la hora que te convenga, sin esperas y de forma presencial.

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¿Y segura? … ¿Y que nos va a pasar? …

Todo el mundo sabe que se ha empezado a vacunar en el mundo entero contra la Covid-19.

En España, el domingo 17 de enero todas las televisiones abrieron sus informativos con sonrientes ancianos recibiendo la segunda dosis de su vacuna en sus residencias, y presumiendo de ello.

En poco más de un año, la comunidad científica y la industria farmacéutica ha sido capaces de poner al servicio de la población unas vacunas efectivas a más del 90% contra la enfermedad que se ha extendido por el mundo entero con consecuencias trágicas: millones de muertos.

Un proceso de larga duración, varios años, se ha culminado en un corto espacio de tiempo, lo que lleva a muchos a interrogarse sobre la idoneidad y “calidad” de estas vacunas.

Hay una pregunta importante que nos podemos hacer: ¿Y son seguras?

Algo de tranquilidad nos puede dar el saber que la vacuna de Pfizer, a lo largo de las fases I, II y III ha sido ensayada en más de 40.000 personas de edades, sexo, razas y condiciones de salud diversas; la de Moderna en unas 30.000. Hoy día, a la velocidad que corren las noticias, sería de conocimiento público si se hubieran presentado problemas importantes.

Hay más. Cuando un medicamento entra en el mercado, se inicia la Fase IV de evaluación. A lo largo de la vida de cualquier medicamento, mediante un sistema reglado de farmacovigilancia, se van notificando a las agencias reguladoras todos y cada uno de los problemas que, presumiblemente, por su uso se vayan produciendo.

En el caso de las vacunas frente a la Covid-19, la AEMPS dispone del programa BIFAP que es “una base de datos informatizada de registros médicos de Atención Primaria para la realización de estudios farmacoepidemiológicos” que cuenta con la colaboración de las Comunidades Autónomas y las principales sociedades científicas del ámbito de la sanidad.

En Europa hay diversos proyectos en marcha que contribuyen a la vigilancia de la seguridad: ACCESS, ECVM. La finalidad de estos estudios es contribuir al mejor conocimiento del perfil beneficio-riesgo de las vacunas identificando los posibles problemas que, por infrecuentes o tardíos, no se hayan identificado en los ensayos clínicos realizados”. En todos ellos participa el programa BIFAP de la Agencia Española. 

Por si esto fuera poco, mediante el sistema de “tarjeta amarilla”, cualquier persona individual, su médico, su farmacia o ella misma en su casa, mediante una conexión por ordenador a la AEMPS puede notificar “problemas” con la vacunación (o con cualquier otro medicamento).

Todas estas notificaciones se evalúan y, si procede, se establecen las incompatibilidades, recomendaciones, limitaciones, etc. al uso del medicamento, e incluso se procede a su retirada del mercado.

Las notificaciones sobre reacciones adversas comunicadas sobre las vacunas administradas en España hasta el 25 de enero de este año las podéis consultar aquí. 

En la página de la AEMPS se pueden consultar muchos aspectos sobre la seguridad de las vacunas frente a Covid-19.

Hay otra pregunta muy interesante: ¿Y que nos va a pasar?

  • Si no nos vacunamos, seguiremos cómo estamos hoy: Contagios desbocados, confinamiento, crisis económica, paro, ocio prohibido, movilidad y reuniones limitadas y tantas cosas malas más; y, lo más trágico, muerte a ritmo escalofriante.
  • Si nos vacunamos podremos tener un poco de dolor e inflamación en el punto de inyección (60%) que dura uno o dos días, un poco de fiebre también por muy poco tiempo y poca cosa negativa más, y muy raramente: fatiga, dolor de cabeza, nauseas, malestar general.

En cuanto al beneficio, estaremos inmunizados parcialmente frente a la enfermedad transcurridos unos 10-12 días de la primera dosis, y, tras la segunda dosis (si la vacuna lo precisa), nuestra inmunidad alcanzaría casi al 100%. Si llegáramos a infectarnos, superaríamos la enfermedad sin mayores consecuencias. Y con seguridad.

La experiencia en la actualidad induce a pensar que la vacuna no impide que contraigamos la enfermedad, la vacuna nos prepara para que podamos luchar contra ella con éxito, nos da la “artillería” necesaria para que pasemos la infección sin problemas. Esto está actualmente en revisión en la Fase IV del medicamento.

La mayoría de las vacunas van a buscar una protección contra la enfermedad y no contra la infección. “¿Por qué? Porque lograr una protección contra la infección, es decir, lograr una inmunidad esterilizante, es tremendamente complicado. Es por esto que, cuanto mayor número de personas se vacunen, más difícil será que haya enfermos y, por lo tanto, menos personas se podrán contagiar y, así sucesivamente, hasta que el virus “desaparezca”.

Mientras el virus no haya “desaparecido”, los contagiados (tengan síntomas o no) pueden seguir contagiando a otras personas. Esto obliga a que, mientras no se den las condiciones óptimas, tengamos que seguir siendo rigurosos con las medidas de protección (distancia, mascarillas, geles, lavados, ventilación …) para que, aunque nos hayamos vacunado y ya no podamos pasar la enfermedad con mayores consecuencias, podríamos seguir infectando a más personas y, también al contrario.

Hay una pregunta más que a día de hoy no se puede responder: ¿Cuánto dura la inmunidad?

No se puede responder ya que, al ser tan nuevas las vacunas, no hay todavía ensayos clínicos en los que se haya podido determinar este parámetro. En el peor de los casos (como en el caso de la gripe o del tétanos) tendríamos que repetir la vacunación periódicamente en tiempos que hoy, también, se desconocen. Esto se determinará en la evaluación de la Fase IV de las vacunas en la que estamos.

Para los que queráis saber más sobre las vacunas autorizadas en España os remitimos a la página de la AEMPS, que es francamente interesante. 

Y, lo más importante, en tu farmacia, nosotros, tus Farmacéuticos, te podemos informar de todo lo que precises, sin cita, sin esperas y sin prisa.

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Los test de autodiagnóstico de anticuerpos frente a Covid-19 ya en las Farmacias

Este mes de diciembre trae novedades sobre los métodos de diagnóstico de la cruel enfermedad que nos azota. Han empezado a distribuirse en las farmacias los test de autodiagnóstico que detectan anticuerpos de inmunidad frente a Covid-19. Test para que cada persona pueda realizarse ella, personalmente, las determinaciones analíticas de una forma parecida a lo que hacen los diabéticos para el control de su glucemia.

Esto puede que a muchos no les diga nada, a otros les genere falsas ilusiones y, quizás, a muchos les parecería oportuno enterarse de lo que en realidad detectan estos test. Intentaremos explicarlo.

En otro artículo de nuestro blog explicamos de forma muy resumida y esquemática cómo es la lucha de los organismos contra las bacterias y los virus: producida la infección, el enfermo empieza a producir anticuerpos para impedir la propagación de la enfermedad y evitar nuevos contagios en el futuro. Estos anticuerpos circulan por la sangre, por lo que para detectarlos será necesario obtener una muestra mediante un pinchazo, en el dedo, por ejemplo.

Lo que se denomina genéricamente como anticuerpos, tienen la composición y estructura química de inmunoglobulinas, nombre con el que probablemente también os hayáis encontrado alguna vez.

Estas inmunoglobulinas (anticuerpos) no son todos iguales. Los hay específicos para cada enfermedad e, incluso para la misma enfermedad, hay de diversos tipos. Es muy probable que todos, en la situación actual, podéis haber oído o leído acrónimos como IgA, IgM, IgG, IgE …

Bien, los test que se han puesto a disposición de los pacientes en las farmacias están preparados para detectar de forma eficaz dos de las inmunoglobulinas que se generan contra Sars-Cov-2, el virus que nos produce la enfermedad Covid-19: IgM e IgG.

La IgM circula por la sangre y el líquido linfático, y es el primer anticuerpo que fabrica el sistema inmunitario para luchar contra la enfermedad. La IgG se produce más tarde que la anterior, después de la infección (o la vacunación), también circula por la sangre y otros fluidos, permanece en el organismo más tiempo y es la que concede inmunidad frente a nuevas infecciones (no se sabe todavía durante cuanto tiempo para esta nueva enfermedad).

Las determinaciones se realizan en una muestra de sangre que se deposita en un dispositivo (casete) que contiene una tira reactiva de inmunocromatográfia rápida de flujo lateral (LFD), semejante a las que se utilizan para el autodiagnóstico del embarazo. Para más información puede consultar en el siguiente enlace: https://notiwiener.net/2015/04/ensayos-rapidos-inmunocromatograficos-de-flujo-lateral/.

En este caso la interpretación de los resultados es bastantes más compleja. Dichos resultados dependen del momento en el que se toma la muestra en relación al momento del posible contagio.

La aparición o no de las inmunoglubulinas, si solamente aparece una o las dos, y cual de ellas es la que aparece, indican en qué punto y evolución de la enfermedad se encuentra el paciente y, por lo tanto se requiere que los casetes sean leídos por una persona experta.

La fiabilidad de los test es bastante elevada para ser un ensayo de autodiagnóstico, en torno a un 95%; en la parte negativa hay que destacar que no tienen capacidad para medir la “cantidad” de anticuerpos que tiene la muestra, y si se precisara este dato habría que recurrir a un laboratorio clínico.

De momento solamente se han autorizado dos test para esta determinación y, en aras a la seguridad en la interpretación de los resultados, la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios ha establecido como condición, para ambos, que se exija la correspondiente prescripción para su dispensación, por lo que será necesario adquirirlos con receta médica.

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La lucha del organismo contra bacterias y virus

Raro sería que a alguno de nosotros no nos hayan practicado en algún momento de nuestra vida un análisis clínico de sangre (ahora, traducido del inglés, le llaman analítica); y raro es que no recordemos, sin saber lo que son y lo que representan, palabras tales como leucocitos, linfocitos, neutrófilos, etc. Bien, de las cifras que van detrás de esas palabras, el médico obtiene información sobre nuestro estado de salud y sobre su evolución.

Estas palabras, y otras muchas, son nombres con los que se conocen partes de nuestro sistema inmunológico. Nos podremos preguntar: ¿Qué es eso?; la respuesta: el sistema inmunológico es la defensa que de, forma natural, el organismo tiene contra las infecciones, atacando y destruyendo los organismos que lo invaden.

El proceso de defensa se inicia en el momento en el que el organismo detecta la presencia de un “cuerpo extraño” (antígeno). Cómo es natural, los detectores tienen que estar presentes en todo el organismo ya que un virus puede entrar por la boca o la nariz, por ejemplo, mientras que una bacteria puede entrar, a lo mejor, por una herida en un pie, y es por esto que la sangre, que circula por todo el cuerpo, es la encargada de esta defensa inmunitaria.

Cuando se detecta a un antígeno, las primeras células de la sangre que actúan son los macrófagos, células que fagocitan (“devoran”) a los organismos invasores dividiéndolas en pequeños pedazos que, después, expulsan al exterior del propio macrófago, cómo para presentárselos a las células que tiene que “acabar” con ellos. En algunos casos, este ataque es suficiente para eliminar a los “invasores”; en la mayoría, no.

 

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Cuando los macrófagos no pueden detener la infección por sí solos, los “pedazos” de invasor procedentes de su fagocitación presentes en la superficie del macrófago, alertan a otras células de la sangre, los linfocitos T. Estos linfocitos producen unas sustancias conocidas como citoquinas que actúan como señales químicas, atrayendo a más linfocitos T y alertando de la infección a otro tipo de células de defensa, los linfocitos B. Las citoquinas son, en gran medida, las responsables de los procesos inflamatorios que van asociados a cualquier ataque por antígenos.

 

 

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Los linfocitos B producen unas sustancias que inactivan a los antígenos invasores, son los anticuerpos. Los anticuerpos producidos por los linfocitos B inmovilizan a los antígenos, pero son incapaces de destruirlos. De esta misión se encarga otro tipo de células de la sangre, los linfocitos T y linfocitos K (killer = asesino), y los fagocitos neutrófilos.

 

 

 

Resumiendo lo anterior: los linfocitos B detectan a los invasores y los inmovilizan; los liantnfocitos T y K, los destruyen, junto a los fagocitos.

 

El buen funcionamiento del sistema inmunitario puede verse afectado por motivos diferentes. Una mala alimentación, ambiente externo hostil, algunas enfermedades, contaminación ambiental, por ejemplo, afectan debilitando al sistema. En otro sentido, como un estilo de vida saludable y con una alimentación correcta tu puedes ayudar a la lucha contra las infecciones.

 

 

 

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